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¿Volver...?

"Usted cómo escribe de bien, de verdad. Hágalo más, mucho.
¡Pero no deje de dormir!".
Eso me dijeron por ahí, y no cualquier persona. Vamos a ver qué pasa. Por ahora, por la hora, es evidente que eso de dormir está difícil de cumplir. Mucho. 

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Cuento

De niña tenía tres amigos imaginarios: El Miamor, Rosita y Angélica. Raro que Angélica llevara siempre un vestido rosadito, mientras que Rosita, uno azul. El Miamor siempre estaba de rojo. Miralos, le decía a mi abuela. Le decía a todo el mundo, pero nadie los veía.
Y tenía un Coqueo, un coqueo rosadito. El Coqueo era una cobija pequeñita en forma de conejo que me regaló un amigo de mi papá cuando nací. Mi mamá dijo "valiente maricada", no sabiendo del amor que nos íbamos a tener -del amor que aún le tengo- ni de cómo me chocaba que me lo lavaran y perdiera ese olor a mugre, mocos y lágrimas.  Así lo puse, Coqueo,  pero en un viaje a la finca de mi tía Gladys en Puerto Triunfo lo dejaron perder en una cantina. Objeto transicional, que llaman. Con él me chupaba el dedo hasta que me dormía. Y chupé dedo hasta los trece años (todavía tengo una cicatriz en mi dedo gordo izquierdo que lo comprueba). Con él jugaba, también, a que era torera de un torito de mi tamaño. Y, con unas esp…

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Del 99 para acá la derecha fue tomando campo. Todo. El campo y campo y espacio en la política. Aún recuerdo cuando el mítico Ernesto Guevara de la Serna Lynch era un honorable personaje y no un terrorista cuya imagen habría de ser incautada por la policía de mi país ni sus seguidores señalados de, también, terrorismo. A Cuba fuimos en el 96 con mis papás, ellos nos llevaron. A Pablo, a María y a mí nos compraron camisetas y boinas. Nos llevaron a la Plaza de la Revolución, y allá nos lo señalaron como un libertador, el epítome del héroe latinoamericano. Sí, mis papás, antes del gobierno de ese señor del que uno no quisiera acordarse y en el que a todos les lavaron la cabeza. Con el tiempo, durante el gobierno del señor Andrés Pastrana, me volví más admiradora de Juárez que de cualquier otro. Pero Juárez no simbolizaba lo que Ernesto, ni Bolívar ni ningún otro lo hará. Es que ni Villa, ni Zapata, ni Frida, lograron condensar a la izquierda de manera tan concreta, y a todos mis respeto…

Sin título

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